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				<article-title>Espadas, Julio. <italic toggle="yes">Cervantes y Rabelais. El gran maestro de Cervantes</italic>. Madrid: Ediciones Libertarias, 2023, 110 pp.</article-title>
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		<p>Aunque la posibilidad de relacionar a Miguel de Cervantes, creador del <italic toggle="yes">Quijote</italic> (1605-1615), con Fran&#x00E7;ois Rabelais, autor de los cinco libros protagonizados por los gigantes, padre e hijo, Gargant&#x00FA;a y Pantagruel (1532-1564), no es nueva, s&#x00ED; es verdad que se ha atenuado en gran medida hasta el extremo de que en la gran edici&#x00F3;n acad&#x00E9;mica dirigida por Francisco Rico (1997, 2004, 2015), tal nexo queda reducido a dos menciones, muy indirectas: la primera, a partir de una reflexi&#x00F3;n de Aurora Egido sobre los linajes c&#x00F3;micos de Dulcinea y Vivaldo, entendidos como un &#x00AB;recurso ret&#x00F3;rico jocoso, casi rabelesiano, carnavalizando la ret&#x00F3;rica enumerativa del siglo XV&#x00BB; (<italic toggle="yes">Don Quijote de la Mancha</italic>, Madrid: RAE, 2015, vol. II, p. 393); la segunda, a partir de un lugar com&#x00FA;n que une a Villon y Rabelais con Cervantes, si bien muy lejanamente (<italic toggle="yes">Don Quijote de la Mancha</italic>, Madrid: RAE, 2015, vol. II, p. 677). Para la investigaci&#x00F3;n cervantista de la segunda mitad del siglo pasado no fue asunto menor, y a &#x00E9;l se dedicaron eruditas p&#x00E1;ginas (aqu&#x00ED; los nombres de Augustin Redondo y Francisco M&#x00E1;rquez Villanueva se hacen imprescindibles) que abogaron por proponer alguna influencia veros&#x00ED;mil del escritor franc&#x00E9;s en el espa&#x00F1;ol. Si el profesor Redondo, en 1978, encontraba en Sancho Panza al &#x00AB;San Panzard de Rabelais&#x00BB; (citado por Espadas, p. 53, nota; v&#x00E9;ase tambi&#x00E9;n pp. 92-93), M&#x00E1;rquez Villanueva, algunos a&#x00F1;os antes, hallaba un &#x00AB;elemento de orden externo que con alguna verosimilitud haga pensar en una huella de Rabelais. Se trata de la semejanza de la primera parte con Gargant&#x00FA;a en comenzar y dar fin con poemas burlescos y enigm&#x00E1;ticos de un esp&#x00ED;ritu parecido&#x00BB; (citado por Espadas, p. 68; el libro en el que M&#x00E1;rquez expuso esta opini&#x00F3;n remite a 1973). Considero necesario recordar, por otra parte, que hasta el momento presente no hay prueba definitiva (documental, directa, indirecta) de que Cervantes pudiera haber le&#x00ED;do al escritor franc&#x00E9;s.</p>
		<p>Todas estas consideraciones vienen a ra&#x00ED;z de la lectura del interesante libro de Julio Espadas en el que defiende que Rabelais fue &#x00AB;el gran maestro de Cervantes&#x00BB;. Deudor de toda una tradici&#x00F3;n cr&#x00ED;tica &#x2013;Cervantes, <italic toggle="yes">el efecto Bajtin</italic> (pp. 88-97), carnaval, Redondo, Molho, M&#x00E1;rquez Villanueva&#x2013; muy pujante en torno a los a&#x00F1;os ochenta y noventa del siglo pasado, y hoy ya un poco de retirada; este volumen tiene un punto de partida magn&#x00ED;fico (&#x00AB;un camino de b&#x00FA;squeda&#x00BB;, &#x00AB;no demostrar el v&#x00ED;nculo&#x00BB;, &#x00AB;un mero esbozo de las numerosas conexiones que creemos que existen entre ambos escritores&#x00BB;, p. 11) que contrasta, sin embargo, con afirmaciones categ&#x00F3;ricas posteriores reincidentes en considerar a Cervantes como un maestro de la ocultaci&#x00F3;n (p. 76 y <italic toggle="yes">passim</italic>), gracias a lo cual se propone como indubitable su lectura de Rabelais y la influencia de este en <italic toggle="yes">Don Quijote de la Mancha</italic>: &#x00AB;No s&#x00F3;lo lo conocer&#x00ED;a y lo leer&#x00ED;a, sino que seguramente lo adorar&#x00ED;a secretamente, pues tom&#x00F3; de &#x00E9;l ni m&#x00E1;s ni menos que a Sancho Panza para incorporarlo como compa&#x00F1;ero de andanzas de don Quijote y formar as&#x00ED; la m&#x00E1;s famosa pareja literaria de la historia, tan s&#x00F3;lo igualada, quiz&#x00E1;s por Eva y Ad&#x00E1;n&#x00BB; (p. 30).</p>
		<p>Se parte de un juicio aprior&#x00ED;stico (Cervantes, s&#x00ED; o s&#x00ED;, ley&#x00F3; a Rabelais; Cervantes consider&#x00F3; a Rabelais su maestro) y desde este presupuesto se acude a media docena de episodios para demostrar la presencia o influencia de los libros de Rabelais en el <italic toggle="yes">Quijote</italic>. Son cinco los puntos en que Julio Espadas basa su argumentaci&#x00F3;n para defender la relaci&#x00F3;n entre los dos escritores a trav&#x00E9;s del <italic toggle="yes">Quijote</italic>: el personaje de Sancho, el pr&#x00F3;logo del primer volumen, el recurso de los manuscritos encontrados, el b&#x00E1;lsamo de Fierabr&#x00E1;s y la expulsi&#x00F3;n de los moriscos. Salvo el primero, que, quiz&#x00E1;s, se sostiene no tanto por influencia directa de Rabelais, sino porque ambos escritores parecen beber de fuentes comunes, los cuatro restantes se basan en unas generalidades y suposiciones que no permiten mantener un nexo veros&#x00ED;mil. Acudir&#x00E9; solo a un ejemplo: la posible relaci&#x00F3;n entre el episodio quijotesco del b&#x00E1;lsamo de Fierabr&#x00E1;s con el cap&#x00ED;tulo 29 de <italic toggle="yes">Pantagruel</italic> (&#x00AB;C&#x00F3;mo venci&#x00F3; Pantagruel a los trescientos gigantes armados con piedras de molino y a Loupgarou su capit&#x00E1;n&#x00BB; (pp. 79-97). En este caso parece haber dos opciones: pensar que Cervantes ten&#x00ED;a en la cabeza aventuras caballerescas con b&#x00E1;lsamos resucitadores o pensar que tiene en la cabeza un episodio del <italic toggle="yes">Gargant&#x00FA;a</italic> &#x2013;con algunas semejanzas y algunas diferencias importantes&#x2013;. Aquellos, adem&#x00E1;s, estaban en la memoria colectiva de los posibles lectores del <italic toggle="yes">Quijote</italic>, que hab&#x00ED;an le&#x00ED;do u o&#x00ED;do leer libros de caballer&#x00ED;as, como el propio Cervantes. Mientras que la primera propuesta se puede defender con solidez (Cervantes s&#x00ED; ley&#x00F3; libros de caballer&#x00ED;as en los que aparecen este tipo de ung&#x00FC;entos, por lo menos uno, el <italic toggle="yes">Belian&#x00ED;s de Grecia</italic>, referido en el cap&#x00ED;tulo sexto de la primera parte, y, muy posiblemente, el libro en el que se menciona por primera vez, <italic toggle="yes">Historia del emperador Carlomagno y de los doce Pares de Francia, y de la cruda batalla que hubo Oliveros con Fierabr&#x00E1;s, rey de Alejandr&#x00ED;a, hijo del grande almirante Bal&#x00E1;n</italic>, no citado expresamente, pero con varias referencias a episodios incluidos en &#x00E9;l como, adem&#x00E1;s de atribuir a Fierabr&#x00E1;s la confecci&#x00F3;n del b&#x00E1;lsamo m&#x00E1;gico curador de heridas, las menciones a los doce pares de Francia y la de la obra del Arzobispo Turp&#x00ED;n, aunque con t&#x00ED;tulo distinto), la segunda es indemostrable. En este sentido, la insistencia en que &#x00AB;Cervantes no pod&#x00ED;a llamar al b&#x00E1;lsamo &#x201C;resucitativo o ung&#x00FC;ento resucitativo&#x201D;, porque al instante lo hubieran acusado de conocer, citar y seguir a Rabelais. Simplemente lo llama de Fierabr&#x00E1;s y evita as&#x00ED; cualquier peligro. Esta es su forma de proceder a lo largo de toda su obra. T&#x00E9;cnica que como vemos domina a la perfecci&#x00F3;n&#x00BB; (p. 83) parece conducirse por una senda m&#x00E1;s basada en las intenciones y deseos propios que no en la demostraci&#x00F3;n emp&#x00ED;rica de la propuesta. Pese al punto de partida inicial, deudor de la ejemplar postura de M&#x00E1;rquez Villanueva (&#x00AB;... m&#x00E1;s que dogmatizar fuentes exclusivas, conviene verlas como complementarias y como un entramado de originalidad y libertad del escritor&#x00BB;, pp. 65-66), el libro reitera afirmaciones categ&#x00F3;ricas; ning&#x00FA;n documento permite establecer de manera contrastada la dependencia entre ambos escritores. En ocasiones, las afirmaciones expresadas implican saber a ciencia cierta lo que Cervantes quer&#x00ED;a, pretend&#x00ED;a o deseaba, lo que lleva asimismo a errores de interpretaci&#x00F3;n subsanables de haber manejado la bibliograf&#x00ED;a oportuna (p. 75, sobre la negativa del rey a que Cervantes se fuera a Am&#x00E9;rica); en otros casos, lo que se explica aqu&#x00ED; de una determinada manera (<italic toggle="yes">v.g</italic>., el pr&#x00F3;logo del primer <italic toggle="yes">Quijote</italic>, p. 46), se ha podido llevar a cabo desde otras perspectivas con mejor tino.</p>
		<p>Este libro, en el que se complementan una redacci&#x00F3;n &#x00E1;gil y una cuidada tipograf&#x00ED;a que facilita la lectura en edici&#x00F3;n muy cuidada, acude a una portada bien sugerente con ilustraci&#x00F3;n en la que h&#x00E1;bilmente se han entrelazado las im&#x00E1;genes de Cervantes y Rabelais. Las expectativas iniciales dejan, sin embargo, al lector sin argumentos suficientes para corroborar la propuesta de partida: &#x00BF;Pudo leer Cervantes a Rabelais&#x003F; Bien los gigantes creados por el escritor franc&#x00E9;s, bien sus aventuras, &#x00BF;pudieron haber estado en la base de algunas secciones del <italic toggle="yes">Quijote</italic>&#x003F; Las preguntas siguen sin respuesta convincente.</p>
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